Los departamentos mínimos

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Desde el fin de la Primera Guerra los espacios de la viviendas se achican y el precio del metro cuadrado se agranda.

Los departamentos son cada vez más chicos y el metro cuadrado es cada vez más caro. Si seguimos así, en poco tiempo más, vamos a tener que vivir en una baldosa. Y pensar que no hace más de 80 años las casas eran grandes por costumbre. No importaba si eran económicas o suntuosas, los cuartos no tenían menos de cuatro metros por cuatro. Y no hablemos de la altura de los ambientes, de las puertas, de las ventanas. Todo era king size, como si la gente midiera tres metros de altura y necesitara espacio para bailar.

El proceso de achicamiento de los departamentos fue lento pero inexorable.
Como pasa siempre, nació como una idea de buenas intenciones. Fue en Alemania, después de la Primera Guerra. Allí los primeros arquitectos modernos sentían el compromiso social de construir “viviendas para todos” y querían gastar poco para hacer la mayor cantidad de casas posible. Puestos a imaginar, los arquitectos alemanes eran infalibles. Así desarrollaron viviendas mínimas, bien iluminadas y ventiladas y las construyeron con una calidad que hoy sería envidiable. Claro que el pequeño espacio de entonces es enorme comparado con los deptos de ahora.

La moda alemana llegó a Buenos Aires y dejó su huella en los edificios racionalistas que se construyeron en las décadas del 30 al 50. Esas construcciones blancas, con ventanas horizontales y un ascetismo que emociona, también se hicieron aquí con la mejor calidad y, aunque las dimensiones de los ambientes se ajustaron un poco, no fue para tanto. Las habitaciones ya no eran de 4 por 4 como en las viejas casas chorizo, pero eran grandes y bien funcionales y los techos seguían siendo altos.

Como las buenas ideas también pueden servir para el mal, la vivienda mínima alemana dejó de ser un sistema barato para hacer más casas y se convirtió en otra estrategia especulativa: ganar más dinero para construir más, para ganar más dinero y así, sucesivamente.

Como la búsqueda del espacio mínimo dejó de ser una iniciativa altruista para convertirse en otro negocio, los códigos de edificación tuvieron que establecer las medidas mínimas de los ambientes para que ningún constructor nos condene a vivir en una cabina telefónica. Pero los desarrolladores, vivos, toman la ley al pie de la letra. Así es que el “mínimo legalmente admisible” se convirtió en el “máximo comúnmente construible”. El Código de Edificación de la Ciudad, por ejemplo, establece que el dormitorio no puede tener un lado menor a 2,8 metros. Pero, si es el segundo dormitorio, esa medida puede ser de 2,30 metros. Y como ese es el mínimo, no hay constructor que haga un segundo dormitorio más grande y apenas entran las camas. Además, la norma establece que la superficie de ese segundo dormitorio no debe ser menor a 8,60 metros cuadrados: rara vez son más grandes. Además, dentro de esa superficie está incluido el placard, lo que se plantea una duda metafísica entre tener lugar para guardar la ropa o el espacio mínimo, vital y móvil para habitar.

Para peor, en los departamentos nuevos ya nadie se preocupa por el lavarropas, el ténder o las escobas. Ahora el hit del verano son los entrepisos, el espacio abierto y fluido y los grandes ventanales, recursos que hacen más tolerable estar en un departamento con pocos metros cuadrados. Y ojo que el “precio por metro cuadrado” es otro gran invento de la especulación inmobiliaria. Acá puede costar mil quinientos, 2 mil y hasta 4 mil dólares si el hablamos de Puerto Madero. Lo que pasa es que el metro cuadrado cambia según los barrios pero, en cada zona, iguala para arriba el precio de los departamentos ya sean buenos, malos, chicos o grandes. Basta con multiplicar la superficie de un departamento con el precio por metro cuadrado de la zona para calcular su precio de venta. Claro, lo mejor se vende antes y lo peor tarda, pero es más fácil que alguien cambie el club de sus amores a que baje el precio del metro cuadrado de su departamento.

Fuente: Clarín, 25/01

2 comentarios en Los departamentos mínimos

  1. 1

    jorge:

    # 17/07/2012

    Cuando la especulacion inmobiliaria domina el desarrollo urbanistico la ciudad se deteriora inexorablemente. Si los gobiernos no actúan habremos perdido la oportunidad de tener una ciudad con espacios amigables para caer en la confusión, la falta de espacios verdes, la ausencia de spacios de guardado para los vehículos el aumento del ruido
    y la inseguridad que genera la imprevisión.

  2. 2

    Hernan:

    # 08/12/2012

    Para los que plantean tratar de modificar esto, la respuesta sería: Intervienen y distorsionan el libre mercado, pues es oferta y demanda entre quien ofrece y el que está dispuesto a pagar. Es una traba al desarrollo de sector, intervencionistas…
    Lamentablemente, los que manejan el sector tienen dinero y amigos con poder. Es así que estamos condenados a proyectar con el código bajo el brazo y seguir condenando al “hombre” a vivir cada vez peor. Pues lo hacemos vivir en un espacio mínimo en su casa y no tiene un complemento con una ciudad amigable, sino todo lo contrario con pocos espacios verdes y calles sobre pobladas de gente y vehículos. Mas lamentable aún es que en la periferia de Bs. As. se sigue el mismo criterio que capital. Los Códigos Urbanos se modifican a medida de los martilleros y no para mejorar la vida de la gente. Se puede llegar a pensar que podría bajar el costo de la vivienda a más gente, pero solo hace que se eleven los precios de terreno a niveles irrisorios para la zona.
    “mientras que las ciudades sean diseñadas por la especulacion inmobiliaria y los agrimensores (no es contra ellos mi referencia, sino que estan atados a los mismos preceptos), no podremos csmbiar.

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