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Editorial

Una nueva herramienta

La historia de cuanto aconteció con el Riachuelo es larga porque viene de muy lejos; triste porque describe una incontenida decadencia; lamentable pues en ella se engarzan oscuras motas de desidia, ineptitud y acciones “non sanctas” públicas y privadas; y también trágica, porque sólo de este modo puede ser calificado el hecho de que, a la vista de quien por allí pasara y quisiera mirarlo, durante mucho tiempo se hacinó sobre su orilla en condiciones subhumanas el 15% de la población de nuestro país… Mientras hacían su aporte a la fetidez del curso, la basura ciudadana de todo tipo y calibre que le era arrojada, las aguas servidas y sustancias cloacales en él derramadas, los desechos industriales y químicos recepcionados, y -nos permitiremos la escabrosidad porque sirve de contundente brochazo para el cuadro- hasta los cuerpos de víctimas de homicidios que, según relato de reporteros enviados “ad hoc”, “los chicos del lugar jugaban a descubrir” en el fárrago de su superficie.

Hubo, por cierto, promesas oficiales -muchas- e incluso intentos -menos- de revertir la situación de este angosto río, cuyo comprobado maltrato había sido ya incluso expuesto a consideración de funcionarios y ciudadanos casi dos siglos atrás, a través de las páginas de órganos de prensa largamente acreditados.
En la reseña, empero, y como bienvenida muestra de que “la otra Argentina”, la que con gran belleza supo musicalizar Tarragó Ross dándole el nombre de “secreta”, late y puja por aflorar siempre, debemos inscribir dos momentos cercanos tan señeros como esperanzadores. El primero de ellos fue el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, quien como broche de una causa por contaminación que iniciaran en conjunto varios ciudadanos, emitió a mediados de 2008 un señero fallo por el cual los tres estados involucrados en la gestión de la cuenca Matanza-Riachuelo -nacional, capitalino y bonaerense-, fueron emplazados a concretar el moroso plan de saneamiento integral del área al compás de un cronograma que les otorgaba un mes para inspeccionar las industrias e identificar a los contaminantes; 2 meses para intimar a las empresas contaminadoras a que presenten un plan de tratamiento; 2 meses para la entrega de mapas y encuestas sociodemográficas de factores de riesgo ambiental; también 2 meses dentro de los cuales debían elaborar un diagnóstico de patologías ocasionadas por la polución de la zona; en 5 meses poner en práctica programas sanitarios capaces de corregirlas; en 6, impedir el uso de los basurales clandestinos adyacentes; y en un año, cerrar tales vaciaderos y erradicar los asentamientos instalados sobre ellos.
Sobre el tramo final de 2011, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, que agrupa a las Ong designadas para controlar el desarrollo de ese dictamen, implementaron un sitio web que suministra la totalidad de la información oficial acumulada con respecto a la causa, incluyendo la visualización de los basurales subsistentes a cielo abierto y de los asentamientos con sus respectivos crecimientos.
Poco tiempo antes -con exactitud el domingo 27 de noviembre de ese mismo año- salía de Puerto Madero la 6ª Remada por el Riachuelo, que una vez más había organizado la Fundación por La Boca promoviendo la recuperación del cauce. Los seguidores de la regata tuvieron entonces oportunidad de constatar que la aceptable pulcritud de las aguas subsiste hasta un buen trecho después de haber sido sorteado el anciano puente Transbordador, y que, dejada atrás la Isla Maciel, las narices van siendo objeto de ofensas crecientes y el agua se espesa y oscurece, mientras muchos chiquillos saludan con algarabía desde los asentamientos de la ribera derecha.
Sin discusión, el fallo de la Suprema Corte y la nueva plataforma “on line”, denominada  “¿Qué pasa Riachuelo?” (http://quepasariachuelo.org.ar) deben ser calificados como auténticos mojones que marcan con justeza el sendero a seguir, dentro de cuya traza ya no caben la irresponsabilidad, la falta de seriedad, la omisión de compromiso, la incompetencia, ni el uso político de situaciones.
El Riachuelo es, para la ciudad Capital de la Argentina y para la provincia de Buenos Aires, la fuente directa de desagote de los desechos industriales de múltiples rubros que actúan en la cuenca y el receptor principal de las aguas servidas que produce el radio  porteño.
Holgado título para merecer el máximo de los cuidados: una atención esmerada, capaz de convertir definitivamente en pasado la imagen descripta durante el inicio de esta nota editorial.

Arielina Bertotto
Periodista

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