HACIA UN POSICIONAMIENTO ESTRATEGICO DEL PLANEAMIENTO
?Situaciones inéditas afectan hoy a Buenos Aires como resultado de un proceso brusco y acelerado de modernización, en el que se llevan a cabo en forma extrema y tardía actuaciones que en las metrópolis centrales se desarrollaron paulatina y morigeradamente a lo largo de varias décadas. En este marco, el planeamiento como instrumento de gestión de la ciudad ha comenzado a incorporar de manera gradual a la ciudadanía en todo su proceso de gestación, de manera de enhebrar lineamientos estructurales en un extremo y componentes de mayor representatividad en el otro.
Con la mirada centrada en los procesos de transformación socioterritorial de la ciudad de Buenos Aires emergen, entonces, ciertas líneas orientadas a fortalecer, por un lado, determinados patrones sociales debilitados, pero que históricamente han caracterizado el crecimiento de la ciudad y, por otro, a desarrollar nuevos mecanismos que permitan aproximar el planeamiento a la población.
El célebre lema “crecer o desaparecer” ha signado el desarrollo de las grandes ciudades durante toda la última década. El caso particular de Buenos Aires no fue ajeno a ello y lo ha sumergido en una competencia estratégica en pos de un posicionamiento en el contexto internacional. Sin embargo, tal esfuerzo no ha sido suficientemente acompañado por un impulso similar tendiente a colocar al planeamiento urbano en una situación diferencial de competitividad frente a otros instrumentos de gestión pública al interior de la ciudad.
Sistemas flexibles de planeamiento
El tiempo se ocupó de demostrar cómo el urbanismo, por científico que se precie, resulta incapaz de conducir por sí el destino de la sociedad. De manera que, evidentemente, la ausencia de redes de contención social excede largamente las incumbencias propias del planeamiento urbano y, en ese sentido, aparece recortado su campo de acción. No obstante, sí es posible una contribución significativa desde la disciplina.
La diversidad y simultaneidad de fenómenos subyacentes en las ciudades conduce a que, de manera inexorable, resulte imposible examinar la realidad en toda su complejidad; con lo cual las decisiones deben tomarse sobre la base de información incompleta, debiendo responder adecuadamente a situaciones de incertidumbre, a circunstancias cambiantes. De modo tal que la “incertidumbre” comienza a aparecer como un dato propio del sistema e induce a incorporar un cierto grado de flexibilidad a la mirada del especialista sobre los procesos urbanos.
De la excesiva rigidez en los sistemas de planeamiento también ha dado cuenta el tiempo. Cuando éstos no logran responder adecuadamente, la resolución se efectúa a sus espaldas, conformando una especie de sistema paralelo. Allí radica la importancia de la introducción de flexibilidad, pero esto requiere de una cierta sofisticación técnica, por un lado, y una utilización apropiada, por otro, tendiente a evitar potenciales abusos.
La legitimaciOn de la acciOn pUblica
El urbanismo actual debe afrontar problemas tan inéditos como extremos. La reaparición de la miseria urbana, el incremento sustancial de la pobreza y su segregación física han alcanzado niveles desconocidos. Asimismo, la complejización de la estructura de la sociedad torna dificultoso definir cuál es el interés general y, a su vez, la acción pública no suele dirigir sus beneficios hacia todos los grupos de manera equivalente.
La fragmentación de los poderes públicos, la diversidad de grupos sociales así como la gran cantidad de agentes económicos, entre otros factores, inciden gravitatoriamente sobre las condiciones bajo las cuales las políticas públicas en general y las urbanas en particular puedan ser puestas en práctica exitosamente. De manera que la participación activa de los diferentes grupos que conforman la sociedad urbana y la construcción de consensos, constituyen elementos básicos a incorporar en este nuevo sistema de relaciones.
Cuando una sociedad se encuentra apropiadamente consolidada y articulada, las voces que se alzan adquieren mayor capacidad para convertir en problema urbano una determinada cuestión y, a su vez, mejor comprenderá los impactos de las políticas urbanas sobre su calidad de vida y mayor será su exigencia para con el ambiente urbano. De manera que el papel que deben asumir los ciudadanos organizados en los procesos urbanísticos alcanza una importancia decisiva y las acciones deben orientarse en ese sentido.
Por último, el urbanismo debería ser considerado como uno de los ámbitos más próximos a la vida cotidiana. Consecuentemente, de la enorme cantidad de decisiones políticas que diariamente se toman, la participación de la ciudadanía en el planeamiento podría convertirse en uno de sus componentes básicos. Deberá, entonces, acentuarse el estudio de los diferentes fenómenos urbanos, pero también, dinamizar y flexibilizar las estructuras administrativas y de gestión, y reconsiderar el papel asignado a la ciudadanía en estos procesos.
Lineamientos para una ciudad incluyente
Ante este escenario, las administraciones deberían centrar sus lineamientos sobre dos ejes estructurales: la docencia urbana, y la participación ciudadana. En relación con la primera, se debería tender a liderar acciones que permitan promover los valores urbanos, el respeto a la ciudad y a su patrimonio edificado como productos culturales. La segunda, en cambio, orientarla hacia la legitimación de las acciones públicas.
El ¿cómo? de estas dos líneas es complejo y difuso. Sin embargo, a través de la revalorización del espacio público y la descentralización funcional, pareciera orientarse una respuesta apropiada. La inversión en espacio público debe ser considerada, lejos de un gasto, como una instancia de rentabilidad sumamente importante, no sólo para la sociedad. Con lo cual, recuperar a la calle como “lugar de encuentro” constituiría un jalón insoslayable.
Por otro lado, la descentralización de funciones administrativas permitiría adquirir un mayor contacto con la sociedad y se convertiría en una importante plataforma para fomentar actividades en las que la ciudad se constituya en contenedor y referente, con las cuales desalentar la formación de guetos y promover y asistir microemprendimientos, y desde donde mejor monitorear los procesos de transformación socioterritorial e impactos urbanos y ambientales con relación a los costos sociales emergentes.
En consecuencia, (a) situar al planeamiento urbano como instrumento privilegiado de gestión pública, (b) incorporar la incertidumbre y la flexibilidad a la mirada sobre los procesos urbanos, (c) generar una participación activa de la ciudadanía como modo de construir consensos, (d) liderar una tarea pedagógica que promueva valores de urbanidad en la ciudad, (e) revalorizar el espacio público como contrastación con la difusión de enclaves y (f) descentralizar la gestión e instrumentación urbanística, resultan ser, a esta altura, factores principales con los que el planeamiento urbano contribuya a afianzar las relaciones sociales tanto como a mejorar la calidad de vida en la ciudad.
EDICION VIVIENDA 445. AGOSTO 99
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